12 diciembre, 2012

¿What, how or why? He ahí el dilema.

Durante más de 3 meses le he dado vueltas a un diagrama que Sebastián utilizó para explicarme cómo se define el valor de las empresas -de publicidad o no- de acuerdo al foco de su actividad. En su lectura de afuera para adentro, mientras que unas destacan por su WHAT y se enfocan a ofrecer el mejor producto final al cliente, otras tienen mucho más foco en el HOW, que es básicamente el proceso para hacer llegar ese producto final al cliente y son mucho menos las que se enfocan en tener un por qué o WHY para hacer las cosas, dejando de lado el cómo y qué hacen pues estos se re-inventan en torno al objetivo principal.


¿WHAT? 
Para ser un poco más claros, digamos que Ariel es una marca que se caracteriza por hacer detergentes. A la gente no le importa cómo los hacen, ni sabemos si tienen la misión u objetivo de eliminar las manchas de la ropa de toda la humanidad, simplemente sabemos que hacen detergentes de gran calidad.   Cuando Ariel lanza un nuevo producto, podemos estar casi seguros de que no va a reinventar la forma en que la gente lava la ropa, simplemente la lavará mejor.

¿HOW?
Ahora pensemos en Domino's. Sabemos que hacen pizzas, y si son ricas o no es gusto de cada quien (yo me declaro fan). No obstante durante sus más de 50 años de existencia, se han enfocado en mejorar cada vez más el cómo hacen llegar esas pizzas a nuestros hogares. Primero, siendo pioneros en el servicio a domicilio, posteriormente mejorando sus procesos para poder ofrecer una garantía de 30 minutos, y en últimas fechas re-inventando la forma de pedir pizzas: ahora por internet. Me atrevo a decir que el valor de marca de Domino's no es el producto que ofrecen per se, si no todos los procesos detrás de ese producto que hacen de la marca un gran modelo de negocio que es bastante conveniente para los consumidores.

¿WHY?
El ejemplo perfecto es Apple, pues como todos sabemos y su slogan lo confirma, siempre se ha caracterizado por pensar diferente y querer cambiar la forma en que los seres humanos interactuamos con nuestro entorno a través de la tecnología. ¿Qué hace Apple? iMacs, iPods, iPhones, iPads, AppleTV... el producto siempre cambia y sin embargo cada que lanzan una innovación logran el propósito de que, una vez que el consumidor lo utiliza, cambia su forma de interactuar con ese medio llámese: internet, música, video, etc.

Bajo estos tres esquemas, podríamos decir que a todos se nos haría extremadamente raro si Ariel algún día anunciara el lanzamiento de un aparato electrónico o si Domino's lanzara al mercado un vehículo. Por el contrarío, si Apple sacara una lavadora que no necesita detergente o desarrollara drones comerciales que volvieran las motos y repartidores de Domino's anticuados, nos haría todo el sentido del mundo.

Esto no quiere decir que basarte en un WHY siempre será la mejor opción. Hoy, todos quieren ser y actuar como Virgin, Apple o Starbucks; empresas que claramente tienen un por qué más allá de su WHAT o HOW. Lo verdaderamente importante es el autoconocimiento y saber en qué punto de este diagrama está basado tu negocio. Todos los proyectos, empresas, marcas e incluso personas tenemos un WHY, un WHAT y un HOW, no obstante, hay que saber cuál es nuestro punto clave para poder explotarlo.

Porque Ariel podría convertirse en una empresa que, más allá de detergentes, ofrezca soluciones de limpieza y por qué no: desarrolle ropa que no se ensucia o que se lava sola. De la misma forma Domino's podría convertirse en punta de lanza del delivery (no sólo de pizzas) e integrar los drones a sus filas para fortalecer ese HOW tan poderoso que tiene. ¿Se imaginan que uno de estos te lleve tu pizza a dónde sea que estés vía GPS y al mismo tiempo puedas ver el video del trayecto en tu celular?


Todo es posible partiendo de saber en dónde estás parado y a dónde quieres ir.







22 noviembre, 2012

La música y yo

"Un artista nunca ve las cosas como son. Si lo hiciera, dejaría de ser artista." 


Mi relación con la música a través de los años ha sido igual a la de uno de esos romances de telenovela en el cual sabes desde el día uno que los protagonistas inevitablemente van a terminar juntos viviendo un gran idilio, pero la vida les tiene preparadas una serie de aventuras que los harán juntarse y alejarse una y otra vez hasta que encuentren la forma de consumar su amor en las condiciones adecuadas. 

Desde niño la música me arrulló y se encargó de enamorarme a través de sus historias. Fue así que mediante el genio de Serrat y la sabiduría de Machado, utilizó la voz de mi padre y una vieja guitarra  para enseñarme que todo en esta vida pasa y queda, pues el camino se hace al andar. Esa lección sería la que me ayudaría a entender que la trascendencia de la música no está en la gloria (ni en dejar en la memoria de los hombres tu canción) sino en la paz que te da cada vez que la tocas. 

Consciente de que aún no tenía edad para el amor, la música me dejó vivir mi niñez a solas. Si bien siempre estuvo cerca de mí para tener su velita prendida, puedo decir que fuera de un coro escolar o presentación de fin de año, nos mantuvimos bastante a raya. Nuestra relación se basaba en un principio sencillo de reciprocidad: Yo recurría a ella cada vez que la necesitaba; frecuentemente al principio y al final de una experiencia relacionada con faldas. Ella por su parte, me utilizaba en cada oportunidad para llamar la atención de mis padres y seres queridos, siempre con la esperanza de que ellos se dieran cuenta del gran potencial que tenía nuestra relación. 

Llegando a la pubertad las cosas cambiaron. La música dejó de ser mi amor infantil y se convirtió en mi cómplice. En esa etapa, ella fue para mí como aquella amiga que está eternamente enamorada de tí -y además sería tu pareja perfecta- pero tú estás muy ocupado persiguiendo a otras mujeres que nunca trascenderán en tu vida.  Fue así como, usando aquella vieja guitarra de mi papá, la música me convenció de que ya era hora de que yo fuera el protagonista de aquellas grandes historias que tanto me gustaba que ella me contara. 

Así pasaron varios años; sobreviví a la secundaria y un poco de la prepa contando historias -propias, prestadas e inventadas- acompañado de una guitarra. Para el final de esa época, ya había experimentado lo que era "vivir con la música" pues aunque mis papás me mantenían y pagaban mi escuela; mis lujos de adolescente venian única y exclusivamente de mis ingresos como trovador urbano.    

Pero la música se cansó de ser aquel instrumento que me ayudaba a hacerme notar, ser el alma de las fiestas, emborracharme, ligar, enamorarme y luego acompañarme en mis sufrimientos. Con la juventud en pleno apogeo nuestra relación llegó a un punto en el que ella necesitaba más atención y compromiso; por lo que me puso un ultimatum y me hizo escoger entre ella y mis distracciones sociales. 

Consciente de que la batalla sería más dura de lo común, la música se valió de un gran aliado y se presentó ante mí junto al teatro para invitarme a vivir una nueva aventura. Al cabo de algunos meses yo ya estaba arrastrando la cobija por esta nueva faceta de nuestra relación y fue entonces cuando descubrí que la música era muy celosa, pero también que estar con ella implicaba más que sólo espontaneidad e inspiración. Entendí que la música es ensayo, compromiso, disciplina y sobre todo pasión; por lo que pensar en una relación a largo plazo con ella significaba dedicación total. 

Dejé a un lado mi prometedor futuro como Godinez y le prometí a la música cuidarla, amarla y respetarla en lo próspero y en lo adverso hasta que la muerte lograra separarnos. Vivimos un tórrido romance que en menos de un año nos dejó bastante claro a ambos que nuestra relación no iba a ser lo que esperábamos. Bien dicen que no conoces a alguien hasta que vives con ella o en este caso: vives DE ella.  No obstante, en honor a toda nuestra historia decidimos hacer un último esfuerzo por salvar nuestra relación. 

Fue entonces cuando lo entendí: La música y yo eramos demasiado complejos como para vivir un cuento de hadas eterno y constante como lo hace la mayoría de la gente con sus oficios y profesiones. Si la música era lo que me daba para vivir, entonces siempre iba a vivir para trabajar; y por ende me iba a costar mucho trabajo disfrutarla con todo el ruido que genera la necesidad. Por el contrario, si llegábamos a un buen arreglo en el que yo pudiera "comprometerme" con cualquier otra cosa que me diera para vivir, entonces yo podría vivir siempre para la música. 

Ya sé, suena muy "moderno", diría mi abuelita. Sin embargo eso es lo que ha logrado que hasta hoy la música y yo seamos los mejores amantes del mundo: Nos vemos con la regularidad necesaria para no extrañarnos, pero con el suficiente tiempo de espacio para no hartarnos uno del otro y tenemos perfectamente claro que sólo lo hacemos por el placer de hacerlo. 

Tengo TODO que agradecerle a la música; entre otras cosas el haberme ayudado a conocer a las personas más importantes en mi vida y haber sido parte de mis experiencias más significativas. No se cuanto tiempo nuestra la estabilidad actual, pero se que tenemos toda la vida para descifrar cuál será nuestro siguiente paso. 

19 octubre, 2012

Publicidad a lo Moneyball



Luego de la serie de eventos afortunados de hace casi un mes; se nos ha presentado el reto de reestructurar al equipo con el que pensamos sacarla del estadio el próximo año. 

Y digo reto porque la estricta definición de nuestro trabajo es hacer publicidad (medio con una de los más grandes índices de rotación, tráfico, fuga y robo de talento) digital (medio del que todos creen saber pero nadie sabe nada pues cambia cada 15 segundos). A todo esto hay que sumarle que nuestro negocio -que hasta hace unos meses era hacer “redes sociales” y “conversar con las audiencias”- ahora tiene la difícil tarea de volverse a diferenciar de todos los demás medios publicitarios por su capacidad de integración a la vida diaria de los consumidores. 

El problema naturalmente se convierte en el dinero, pues como en todo, para ganar primero hay que invertir -a la par o más que las propias marcas- y eso, hace que todos tengamos que “apechugar”, como diría un gran amigo, para poder lograr lo que creemos que podríamos lograr si tuviéramos los recursos o alguien quisiera invertir en nuestras locuras. 

Por tanto, armar un equipo con pensamiento creativo-estratégico-tecnológico, que sepa detectar oportunidades de negocio y además sea capaz de hacer realidad todas las ideas, no resulta nada fácil si no tienes los fajos de billetes para convencer a este talento excepcional de sumarse a tu proyecto.  

Ayer mientras veía a los Yankees caer, cavilaba y llegué a una reflexión: Así como el baseball, la publicidad es un juego injusto en donde resulta difícil pensar que podrás ser un equipo relevante sin contratar a dos o tres peloteros de alta efectividad y por supuesto, costo en el mercado. Somos aún muy pocos los locos que creemos que lo que la publicidad de hoy necesita son menos estrellas y más ideas. 

Pero con ideas no me refiero a una keynote o diagrama en dónde, de manera muy conceptual, hayas resuelto el qué es lo que necesita una marca, empresa, mercado o consumidor. Lo que hoy en día necesitamos son ideas que tengan muy claro por qué es relevante para las vidas de todos los anteriores y aún más importante, cómo vas a ejecutarlo. 

Está muy bien que sepamos POR QUÉ nos levantamos a trabajar todos los días, pero si no sabemos CÓMO vamos a lograr ese objetivo; estamos condenados a repetir una y otra vez, cada vez con peores resultados, lo que en un inicio hacíamos bien. 

Para este iluso e ignorante servidor, la verdadera forma de revolucionar una industria es a lo Moneyball: Cambiando las reglas del juego. Rompiendo esquemas. Dejar de organizarse como se organizan los demás, dejar de hacer y pensar como piensan los demás. Tal vez hasta dejar vender o de cobrar por lo que cobran todos los demás. Sólo así podremos darle en la madre a una industria que por más que quiere ser emocional, vive atada a lo funcional de su  naturaleza. Y si no me creen, vean cuántas veces se han coronado los Yankees desde que alguien le dio en la madre a la forma de armar equipos en 2002. 

Encontrar a quienes pueden y quieren hacerlo no es fácil. Pero aún más difícil es saber que no tienes nada que ofrecerles, mas que un futuro prometedor y lleno de éxitos, que a la larga podría catapultarlos a ser esas estrellas que la publicidad ya no necesita. 


08 octubre, 2012

Renovarse o morir


Han pasado casi 6 meses desde que, en un intento desesperado por sobrevivir, rediseñé la imagen de este blog para darle un segundo aire.

En la búsqueda de mejores alternativas me di cuenta que -en menos de 2 años que tengo sin usarlos- mis conocimientos sobre diseño web se habían tornado obsoletos. Además que, de acuerdo con los expertos, resultó que Blogger no era por mucho la mejor plataforma para mantener lindo y actualizado un espacio dedicado a la cavilación personal pero cuidando siempre la tan sobreestimada estética.

Dispuesto a renovarme y decidido a cambiar, abrí mi cuenta de Wordpress y me dispuse a darle forma a lo que sería la nueva superficie para pegar todos los chicles por venir. No obstante, me topé con la desagradable sorpresa de que no tengo ni el tiempo ni los conocimientos para hacer que el nuevo blog se vea y funcione como sucede en mi cabeza.

Decepcionado de la vida, decidí posponerlo para un mejor momento (ya saben, de esos como cuando te quedas sin trabajo o estás de vacaciones). No obstante, una serie de eventos afortunados me recordaron que no puedo seguir guardando ideas en el cajón sólo porque quiero monopolizar su ejecución.

Entonces pensé; si lo único que te falta para hacerlo realidad es tiempo y conocimientos técnicos tienes 2 opciones: O renuncias a trabajar, te metes a estudiar al respecto y lo llevas a cabo; o buscas a alguien que tenga el tiempo y conocimiento, y le pagas para que te ayude.

Ante tal epifanía decidí romper con ese patrón de conducta y levantar la mano para pedir ayuda. Busco a un arquitecto web, un artista del HTML5, CSS y herramientas varias que existen para que me ayude a construir el blog que, tal vez no me merezco, pero por el que estoy dispuesto a pagar;  y aún más importante: A compartir.

Si a alguien le interesa el proyecto, tiene las habilidades, puede venir a comer a La Condesa de vez en cuando...díganle que me escriba a jorgefajardo@me.com para platicar. Les aseguro nos vamos a divertir.